Reflexiones Sobre El Valor De La Puntualidad

Uno de los rasgos distintivos del estilo educativo marista, es la creación de un buen ambiente de trabajo.

El trabajo educativo es uno de los más nobles y creativos que puede concebirse, pues todo en él está orientado a favorecer el desarrollo de los valores humanos. En la Universidad Marista procuramos propiciar la laboriosidad, entendida ésta como actitud de esfuerzo, perseverancia y gusto por el trabajo. El cultivo de la inteligencia, la formación del carácter, el fortalecimiento de la voluntad y el aprender a aprender, son ya en sí mismos logros inapreciables; sin embargo, deben estar precedidos de la motivación y acompañados de la disciplina, de ahí que se requiera de los docentes y de los propios estudiantes una gran responsabilidad y compromiso.

Uno de los valores humanos que en el semestre que iniciamos queremos reforzar, es el valor de la asistencia y puntualidad a clases. En un gran número de casos ya es común en la Universidad que las clases no inicien a tiempo; es cierto que las largas distancias y el pesado tráfico en esta ciudad favorecen esta situación; sin embargo, tenemos que hacer algo para corregir este mal hábito.

 

En el campo de la educación la puntualidad es un factor fundamental para la disciplina, la falta de aquella, hace imposible ésta. De ahí que el vocablo disciplina se utilice, con frecuencia, como sinónimo de ciencia, arte, asignatura, doctrina, aunque prevalezca en su definición el concepto de orden a partir de un conjunto de reglas establecidas.

Al maestro le corresponde propiciar en su clase un ambiente de trabajo, de orden, de disciplina, donde todos sepan lo que deben hacer y cómo han de hacerlo, no bajo la amenaza del castigo ni como imposición arbitraria, sino mediante el convencimiento, el estímulo, el respeto al diálogo, y a la iniciativa personal.

Ciertamente, la disciplina no evita el trabajo pero ayuda mucho a su realización, lo hace más fácil y agradable. “Hay quienes se imaginan –decía Marcelino Champagnat– que la disciplina aleja a los alumnos de la escuela, cuando es todo lo contrario; les gusta el orden no el desorden. Los estudiantes [sobre todo los universitarios], se       sienten mejor y más satisfechos en una escuela y en un salón de clases con  disciplina, en cambio, se desaniman y fastidian donde no existe el orden”.

Desde el punto de vista socio-educativo, la virtud de la puntualidad es uno de los valores que se consideran referentes, son pautas claves que orientan el compor-tamiento humano hacia la transformación social y la realización de la persona. Por otra parte, el valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, buena disposición y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en condiciones de desempeñar mejor nuestras obligaciones, nuestro trabajo y ser merecedores de mayor reconocimiento y aprecio.

La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce nuestro grado de responsabilidad, nuestro compromiso y nuestro nivel de cultura.  Muchas veces la impuntualidad nace del interés que despiertan en nosotros las actividades que realizamos. En las culturas que valoran la puntualidad, retrasarse y llegar tarde es equivalente a demostrar poco aprecio por los demás y hasta se puede considerar un insulto.

Ahora, que iniciamos un nuevo curso escolar y un año nuevo, alumnos y maestros, debemos analizar las causas que provocan nuestra impuntualidad y poner los medios que hagan falta para evitarla. Vivir el valor de la puntualidad es asumir un compromiso con nosotros mismos y con los demás, es una forma de respeto a los otros; de hacerle a los demás la vida más agradable y, sobre todo, de demostrar un alto grado de madurez humana que nos hace personas dignas de toda confianza.

 

Dr. Jaime Castañeda Iturbide
Secretario General


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