SEPTIEMBRE, mes patriótico
Retorno obligado de los sarapes de colores, las “Chinas” Poblanas, los sombreros de charro, y el inevitable mariachi: el folklore en su mejor expresión.
Septiembre o el regreso puntual de las banderitas tricolores.
Las hay de varios tamaños, y en algunos casos se ven acompañadas con rehiletes que giran al mpulso del viento. Aunque cada vez hay menos en oferta y cada vez menos vehículos se adornan con ellas.
Pero la costumbre se mantiene. La tradición centenaria se promueve cada año; y en el presente con mayor razón. Celebramos el bicentenario del inicio de la guerra de independencia y aunque discutible, el centenario de la “Revolución”.
Naturalmente los gobernantes aprovechan esta oportunidad para significarse y hacerse publicidad colgándose del acontecimiento; y con ese propósito arrastran a sus gobernados que habrán de cooperar, tengan o no devoción a este tipo de festejos.
Independientemente del despilfarro económico que todo esto supone y que habrá de subsidiarse con nuestro ISR - el fruto nuestro trabajo, para acabar pronto,– el exceso, el prurito de los organizadores por figurar, la desorganización, la exhibición de la ignorancia de los “comunicadores” que en diversos medios han sido encargados de dar coba a los funcionarios en turno que darán “gritos” repicando campanas, y hasta el mal gusto, son para dar pena ajena, y vergüenza internacional.
Vemos la prensa infestada de propaganda. Todo es bicentenario, venga o no al caso. Y si ya hubo un tequila Centenario, habrá que cambiarle la etiqueta para “actualizarlo”; y en ese tenor andamos. Todo el mes habrá festejos, pachangas, deportes olímpicos a escala de maqueta. Gozaremos de un megapuente que calculado en horas-producción perdidas reportará mermas millonarias a empresas e instituciones, aparte de los otros millones que ya está costando toda la parafernalia misma, superflua en su mayor parte.
A quien le dan pan que llore, reza el adagio. De acuerdo. Pero es el caso que nadie nos está dando pan; desgraciadamente es eso lo que nos están quitando. En lugar de promover crecimiento económico crece el desmpleo y la inversión se retrae por diversas causas que no se ven remediadas y en su lugar se provoca el deperdicio.
Por eso hay que unirse a las voces que desde hace un buen tiempo han estado denunciando esta calamidad.
Empezando por señalar la errónea interpretación de la Historia misma, y el manipuleo político que desde el poder autoritario detentado durante muchos años por grupos ideologizados se empeñaron en desfigurar los hechos para crear íconos míticos a su conveniencia; y continuando, desde nuestro pequeño o mayor espacio de influencia, por crear conciencia crítica de todo esto que acontece en estos momentos a nuestro alrededor. Por ejemplo: en la fecha del inicio de la lucha por la independencia política de nuestra patria, se está de acuerdo. No asi en lo concerniente a la Revolución. Por otra parte la Historia oficial señaló cuándo, quien y en dónde quien podía ser un héroe y quién un traidor. ¿Tanto peor para la verdad histórica.?
Las vueltas de tuerca que desde esa postura tuvieron que darse para dar gusto a los poderosos en turno, han sido de antología. Por querer dar gusto a algunos se ha disgustado a otros y en algunos casos, a todos. Recuérdese el famoso “grito” de aquél presidente que hizo de los países del llamado “Tercer Mundo” un “héroe” más, al lado de la Corregidora Ortíz de Domínguez o de los curas Hidalgo, Morelos o Matamoros.
O como hacer desfilar osamentas más o menos dudosas, o confrontarlas en Catedral o en la Palacio Nacional.
Y dígase otro tanto de quienes han decidido erigir monumentos o grabar nombres en letras de oro. El análisis de tales memoriales nos permitría conocer tanto a los personajes mismos ahí inmortalizados, como idiosincracia de quienes fueron sus promotores; y de paso la de nuestros tribunos o gobernantes, y por supuesto de quienes los eligieron para los cargos.
Es a ese análisis a lo que conviene llegar.
Es una oportunidad magnífica para estudiar todo lo que gira alrededor de los aniversarios a conmemorar.
Empezando por el término mismo. ¿celebrar o conmemorar? ¿o las dos cosas? Y siguiendo con los actores del festejo hoy día, ¿qué buscarán para ello o para la ciudadanía, ¿quién construye monumentos? ¿quién hace los promocionales? ¿quién y cómo se licitan los grupos artísticos, o no licitan? ; y los programa que se han diseñado: su pertinencia, su duración, su costo y financiamiento, sus implicaciones políticas, el entorno cultural que se produce, etc.
Estamos empezando el curso. Tal vez sea un tanto precipitado intentar agotar tantos temas en los pocos días que faltan para la celebración oficial. Pero pensando en aprovechar todo el mes patrio podríamos darnos tiempo para profundizar aunque fueran algunos; por ejemplo los años críticos del 1910 cuando el Plan de San Luis de Francisco I. Madero hasta el 1913 cuando el Plan de Guadalupe de Venustiano Carranza que desató realmente la revolución que costó un millón de muertos durante los siguientes años. Es muy posible que por estos días se celebren ceremonias cívicas en todas nuestras escuelas. Ahí se podría apuntar un programa a desarrollar posteriormente, y yendo al terreno práctico, distribuir los temas a nivel de grupos para organizar, de aquí al 20 de noviembre círculos de estudio u otras actividades académicas, que permitan a nuestros alumnos tomar conciencia crítica sobre personajes, hechos discutibles, historicidad, comportamiento político de la sociedad, etc., etc. Y entonces sí, presentar algo realmente sustancioso que vaya a algo más que un recuerdo ruidoso y superficial de algo que la verdad sea dicha, nos queda ya muy retirado, y para efectos prácticos nos resulta indiferente.
Como siempre repito, al lado de lo acostumbrado, es posible añadir algo mejor en nuestro propósito educativo. Al nivel que nos corresponda, pero sin dejar de intentarlo, conviene completar el folclor y el alboroto masivo con algo más serio que destaque ese plus que pretendemos ofrecer en nuestos colegios.
H.E.L.A.